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	<title>Cristina Civale — Cristina Civale</title>
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	<description>El sitio personal de la periodista y escritora</description>
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		<title>Afters: divertirse detrás de gafas oscuras</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Nov 2011 20:24:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Textos periodísticos]]></category>

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		<description><![CDATA[Distintas tribus con un fervor común: seguir bailando sin que les importe el sol ni que los congéneres se preparen para dormir la siesta. Si a partir de mediados de los 80 y durante toda la década del 90 bailar desde el amanecer hasta entrada la tarde marcó todo un hito en las salidas que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Distintas tribus con un fervor común: seguir bailando sin que les importe el sol ni que los congéneres se preparen para dormir la siesta.</p>
<p><span id="more-232"></span></p>
<p><img src="http://www.cristinacivale.net/wp-content/uploads/2012/01/after.jpg" alt="" title="after" width="550" height="165" class="alignnone size-full wp-image-233" /></p>
<p>Si a partir de mediados de los 80 y durante toda la década del 90 bailar desde el amanecer hasta entrada la tarde marcó todo un hito en las salidas que se prolongaban luego de una noche intensa de parties y dancing, la llegada de 2000 con la crisis arrasadora y la tragedia de Cromañón dieron no sólo un cierre tajante a la vida nocturna de la ciudad sino también a la vida festiva que venía inmediatamente después de ella: la marcha del after hour.</p>
<p>Con la llegada de la nueva década del siglo la fiesta que se inicia al amanecer y termina pasada la hora del almuerzo vuelve a las pistas pero más recatadamente. Son pocos los sitios donde se baila de día y se empezó a llamar after a aquellos lugares que mantuvieron más que nada el espíritu del after party pero que en los hechos cierran entre las 3 y las 5 AM. De los otros, también hay.<br />
Existen ofertas diversas aunque el público es una tribu reducida que va de lugar en lugar matando con tragos y dancing las horas duras hasta el amanecer cuando asoman los rayos incómodos de la mañana y se imponen las gafas oscuras. En algunos llega el cierre a la hora del desayuno, en otros cuando la hora de la siesta es la que marca el fin.</p>
<p>Todos los llaman el after más famoso de la ciudad aunque según las estrictas reglas horarias del after, no lo es. Cierra sobre las 3 AM pero los habitués lo usan de precalentamiento para los verdaderos afters y para llenarse el cuerpo de buena música y rodearse de unos de los espacios más imponentes de la ciudad en lo que hace a su vida de fiesta.</p>
<p>Se trata de Club One, donde antes estuvo el famoso y queer Palacio Alsina, a la altura de Alsina al 900. El lugar se alza en un edificio histórico de principios de siglo XX. Un LED de 30 metros está empotrado en una de las paredes haciendo las delicias de los diferentes VJs, videoartistas de la música electrónica e invitados especiales del exterior llegan al club para tocar y sacudir los cuerpos. Chicos y chicas, más bien en banda, asisten al lugar que abre a las 10 de la noche. Ellas vestidas con mucho brillo, polleras cortas y calzas debajo; ellos estudiadamente descontracté: infaltables zapatillas de marca, jeans y camisa o remera con algún hot stamping. Durante noviembre calientan la pista enorme Poty, Elio Riso y Scaglia.</p>
<p>En el One, se hacen las fiestas pre-Creamfields -la rave global más afamada del mundo- y hasta el día de las elecciones se hizo una celebración que inundó la pista. No fue una fiesta K, fue sólo una fiesta, una excusa para permitirse algo difícil: la salida durante un domingo hasta bien entrado el lunes.<br />
Caix, en la Costanera, fue en los 90 el sitio perfecto para ver el amanecer junto al río y seguir bailando hasta después del almuerzo. Los pescadores se mezclaban con el público algo descontrolado que salía hacia el mediodía y también se cruzaban con los tempraneros y prolijos jugadores de golf que iban a mover sus palos al complejo Costa Salguero. Distintas faunas bajo un mismo sol quemando.</p>
<p>En el nuevo siglo, redujo sus horarios hasta las seis de la mañana y el amanecer es su deadline. Los marchosos que llegan hasta el amanecer pueden cruzarse en esta nueva etapa con pescadores bohemios, esos tipos que pacientemente tiran sus cañas para atrapar un pez contaminado, pero los verdaderos otros con los que se cruzan son los taxistas que hacen cola para llevar al público entonado y legalmente incapacitado para manejar. Los pools de tacheros son los que ahora hacen el contraste con la fauna que baila y baila junto al río.</p>
<p>Hay listas y entradas libres hasta la 1 AM para chicas solas, ellos siempre pagan y los tragos que más salen son todos aquellos que mezclan alguna bebida blanca con speed. El trago por excelencia de los afters. El público de Caix -mediana edad, algún/a cuarentón/a con ganas de marcha- son la fauna que lo habita. Abierto de jueves a sábado sigue siendo una opción donde no hay cómo competir con el amanecer junto al río. Sin embargo, quienes aman la verdadera movida after prefieren la oscuridad aunque el sol brille tras las paredes de la disco después de hora.</p>
<p>El club Bahreim es la opción más glamorosa. Son tres espacios en uno. La noche arranca en el lounge del Yellow Bar, un espacio inmenso para charlar y escuchar música con tranquilidad, mirarse de mesa en mesa, ejercer el ancestral y riguroso rito del levante. Una barra generosa de roble se sitúa en el medio del espacio, hay un vip con cómodos y modernísimos sillones blancos y mesas psicodélicas, tan psicodélicas como las de la zona popular, aunque nada es demasiado popular en este club, en el sentido de que su refinamiento en la decoración es lo primero que destaca. Pinturas contemporáneas abstractas en las paredes, pisos de mosaicos venecianos reciclados y un público con un billetera holgada que puede pagar un trago 60 pesos y tomar más de uno por noche. Luego de calentar el cuerpo y el ansia en el Yellow, se puede pasar donde la música electrónica hace vibrar las pistas o al Funky room donde el pop, el reggae y hasta el reguetón están permitidos. Se puede mover de un sitio al otro por el precio de una entrada que varía según los días. El público va entre los veintipocos y llega hasta los cuarenta, exagerando. Las chicas se atreven con cuerpos más desnudos: panza y hombros al aire, escotes de infarto y siempre un calzado que parece de lo más inapropiado para bailar. El jueves es el día top del club aunque está abierto de miércoles a sábado.</p>
<p>El Bahreim se destaca en la movida after por sus ya históricas y famosas fiestas +160, rituales donde el ritmo drum &amp; bass es el rey. Las 160 acaban de celebrar su noveno aniversario con invitados de lujo para quienes son entendidos en el ritmo de gueto exigente. Se habilitaron dos pistas donde también tocaron Dj Marki de Innerground Records de San Pablo, famoso por su aporte al nuevo sonido de la electro bossa, que impregnó la música de artistas reconocidos como Bebel Gilberto y Everything But The Girl además de ponerle velocidad y cadencia a piezas de Fatboy Slim, Carl Cox, Deadmau5, Towa Tei, y Laurent Garnier. En efecto, el Bahreim es un lugar para exquisitos y entendidos en la vanguardia de los nuevos ritmos a la hora del dancing y no tiene rival en la ciudad. Por su arquitectura, calidad de tragos y la selección cuidada de sus Djs es el lugar de punta en las horas muertas que van de las 2 a las 5.</p>
<p>El Club Maipú es una rareza urbana. Abre sólo los domingos un poco antes de la hora en que muchos van a misa. Sobre las seis ya se puede ver una pequeña cola o atolladero junto a la puerta de Suipacha al 500. Una entrada que da a un sótano mediano sin demasiadas pretensiones. Un vip en un rincón pequeño que se alquila para fiestas por tres mil pesos. Hay hombres de seguridad en cada rincón, a cada lado de la barra, tres en el ingreso a los baños, otros dos en la puerta del vip diminuto y, claro, en la entrada una mujer bulldog controla que todos paguen los 50 pesos para ingresar al templo donde se baila música electrónica hasta las dos de la tarde. Mujeres maduritas, bien conservadas e intuibles dosis de pilates destacan en el lugar de habitués donde todos se conocen, se saludan y celebran la llegada de &#8220;algún&#8221; nuevo, un posible amante ocasional o un amigo para toda la vida. Las coordenadas de estos lugares siempre disparan aventuras inesperadas y la mañana se empieza sin saber dónde se termina.</p>
<p>Sin habilitación pero con mucha movida, abierto como una casa de té, sobre Córdoba cerca de Gascón se planta Baires, un after con todas las de la ley. Sus horas pico empiezan cuando las persianas de los otros lugares se bajan y las suyas cierran cuando empiezan a mermar los clientes. Pueden ser las 12 del mediodía o las tres de la tarde. Se entra por exclusiva recomendación. En el exterior no hay nada que indique que nos encontramos frente a una disco, en su interior, luego de atravesar un corto pero oscuro pasillo, se ingresa en el reciclado petit hotel que hace las veces de lugar de esparcimiento. Champange con speed por 320 pesos, tragos por 50 y un mundo queer totalmente a la carta, hombres y mujeres straight, travestis trabajando, oficinistas en busca de la aventura imposible y curiosos de una noche habitan el lugar.</p>
<p>Pero el lugar más original de este circuito porteño lo constituye sin dudas Los Árboles, frente al shopping Abasto. Abre a las 4 AM y cierra sobre las 3 PM. Antes se llamaba Trasformation. Es el lugar donde los travestis que trabajan en los bosques de Palermo se juntan para terminar su jornada de trabajo. No van a trabajar, sólo a descansar y conversar entre ellos y no se niegan a hacer un extra si la ocasión lo permite. Mucho señor de traje con pinta de padre de familia y novia durmiendo en la casa suele pasarse a dar una vuelta y mirar o actuar. Los Árboles tiene apartados tras oscurísimas cortinas negras donde la entrada es muy privada porque allí suceden uno de los actos más privados que puedan tener lugar entre dos o más personas.</p>
<p>El código after no permite que se tomen fotos en los lugares, que se den nombres ni que se hagan declaraciones. No es una omertá, es simplemente un código de cuidado respeto y privacidad. Y lo respetamos. No somos quiénes para intentar otra cosa. Gracias por permitirnos la aventura de ingresar en sus templos sagrados.</p>
<p><a href="http://www.diarioz.com.ar/nota-7973-afters-divertirse-detras-de-gafas-oscuras.html" target="_blank"><strong>Publicado en Diario Z</strong></a></p>
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		<title>Las claves de una ofrenda</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Oct 2011 18:08:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Textos periodísticos]]></category>

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		<description><![CDATA[En las obras de su nueva muestra, Leo Battistelli deja ver una etapa vinculada con dos cambios fundamentales en su vida: su mudanza a Río de Janeiro y el amor que lo llevó allí desde Rosario. El visitante entra en una galería de paredes blancas, algo cuadrada, ni inmensa ni pequeña y cuando aún no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En las obras de su nueva muestra, Leo Battistelli deja ver una etapa vinculada con dos cambios fundamentales en su vida: su mudanza a Río de Janeiro y el amor que lo llevó allí desde Rosario.</p>
<p><span id="more-222"></span></p>
<p>El visitante entra en una galería de paredes blancas, algo cuadrada, ni inmensa ni pequeña y cuando aún no puede captar las formas de lo que ve, la velocidad de la luz le da la certeza de que esas formas que muy pronto podrá apreciar, están construidas con colores poderosos: rojo sangre, azul mar, un violento naranja-amarillo fuego. Y los colores, estrictamente, luego verá, corresponden a esas formas; el rojo se instala en la comodidad inevitable de una gota de sangre; el azul mar, en el de una gota de agua; el violento amarillo, en los restos marchitos de una hoguera. A la vez, cada objeto, observado sin explicación alguna de quien lo ha hecho ni de quien lo exhibe –aquí artista y galerista– sudan las normas de alguna clase de rito y el conjunto constituye una ofrenda en varios sentidos. Al menos dos son evidentes: el agradecimiento a un mundo nuevo que se ha abierto para dejar entrar los colores, y la intuición de una entrega lujuriosa en el propio altar de la creación.</p>
<p><div id="attachment_223" class="wp-caption alignnone" style="width: 536px"><img class="size-full wp-image-223 " style="margin: 5px;" title="Leo Battistelli; Destilado de belleza" src="http://www.cristinacivale.net/wp-content/uploads/2011/10/Leo-Battistelli-Dadiva.jpg" alt="" width="526" height="296" /><p class="wp-caption-text">Leo Battistelli; Destilado de belleza</p></div></p>
<p>Estamos frente a <strong>Dádiva</strong>, la nueva muestra de Leo Battistelli, quien trabaja con cerámica y porcelana para construir los objetos de arte que conforman la ceremonia de este ritual. Para quienes conocen la obra anterior del artista rosarino ahora viviendo en Río de Janeiro, el atrevimiento de saltar a los colores que transmiten vivacidad y cuerpo luego de haber trabajado con precisión obsesiva en sus matices de blanco, constituye un fuerte sacudón. ¿Traición? Quién no lo conoce, tampoco puede dejar de apreciar que eso que ve tiene un poder que viene del cuerpo, algo físico que da permiso a dejarse llevar por el caos.</p>
<p>Como un artista romántico –literalmente lo son quienes como Goethe o Novalis en sus textos dejan ver en sus obras el estado de la naturaleza– aquí <strong>Dádiva</strong> también puede verse con la clave de la ciudad donde fue concebida.</p>
<p>Antes de la mudanza, Battistelli trabajaba en Rosario, su ciudad natal, con una fábrica donde podía urdir sus obras. Ahora lo hace con una instalación similar que le consiguió quien le propuso la mudanza: quien encarna el amor. Y Battistelli lo dice: “Me mudé por amor” y luego de escucharlo no puede verse la obra escapando de esa clave, más bien de ese suceso extraño y siempre transformador.</p>
<p>Lejos de aplicar a Freud para hablar de esta muestra –o a Corín Tellado– cada obra construye un rito atrevido y pagano que no necesita de la historia que yace detrás de ella y es, para el artista y quizá sólo para él, la causa de su existencia.</p>
<p>El largo “collar” de múltiples colores que abre la muestra y se ve desde la vidriera de la galería, la obra colgada desde el techo y que se arrastra por el piso, la que elige llamar La danza sin fin, está allí como la primera dádiva hacia los transeúntes desprevenidos y también hacia los visitantes esmerados. Lo que representa un objeto simple –un collar de cuentas de colores– es lo que en el ritual afro constituye el elemento que se usa para las danzas religiosas en honor a las divinidades múltiples: los <em>orixás</em>.</p>
<p>El concepto de “dádiva” aquí es casi literal; Battistelli está hablando de y con la nueva tierra en la que, quizá, con estas representaciones, decide dejar de ser un extraño. El extranjero que abandona la alteridad y se entrega a ella para fundirse y bailar como quienes pisan y habitan desde siempre esa tierra que ahora lo recibe.</p>
<p>Las esferas roja y azul, sangre y mar respectivamente, se arman con lo que parecen los restos de animales marinos, elementos idénticos que arman esos mínimos trozos de dos líquidos vitales pero también sagrados y venerados por los ritos de parte de la cultura negra. Frente a éstos se alza la figura de un hombre en tamaño real, hecho con azulejos con matices de negro y pizcas de blanco. “La cura” se llama la obra del hombrecito, esa figura que parece estar dirigiendo los objetos inanimados que son tan obra como esa representación de una persona que se está transformando: de blanco a negro, un cambio de piel que acompaña el movimiento hacia otro territorio.</p>
<p>En un rincón, apartada, la única obra enteramente blanca, la que remite a la obra del territorio de nacimiento, de la obra primigenia. Sobre una mesa de vidrio, simétricamente, dos recipientes blanquísimos destilan sus propias entrañas, como hojas de un árbol caído, también blancas. Esa blancura construye “Destilado de felicidad”.</p>
<p><strong>Dádiva</strong> puede verse como el permiso que se da el artista para moverse de sus raíces y, aún conservándolas sin renegar, porque las incluye en su nueva producción y con eso también las renueva, hacer crecer las nuevas ofrendas de esos objetos cautivantes, reformulaciones del raro concepto que es la belleza.</p>
<p>Eso es lo único que importa porque lo entiende y lo puede sentir cualquiera, sin necesidad de reconstruir ningún pasado, ningún contexto. Nada de nada. Eso es la ofrenda, la que da una obra sin clave de misterio pero también con ella.</p>
<p><a href="http://www.revistaenie.clarin.com/arte/Leo-Battistelli-Dadiva_0_570543149.html" target="_blank"><strong>Publicado en Revista Ñ</strong></a></p>
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		<title>Enigmas de lo cotidiano</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Sep 2011 18:13:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Textos periodísticos]]></category>

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		<description><![CDATA[Por primera vez se muestra toda la producción artística de Graciela Taquini. Emergida de la curaduría para dedicarse a la creación a edad madura, “Grata” muestra por qué saltó a la otra orilla del mundo del arte en la que siempre estuvo. Taquini parece tranquila. Está rodeada de su equipo: a la cabeza, el joven [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por primera vez se muestra toda la producción artística de Graciela Taquini. Emergida de la curaduría para dedicarse a la creación a edad madura, “Grata” muestra por qué saltó a la otra orilla del mundo del arte en la que siempre estuvo.</p>
<p><span id="more-225"></span></p>
<p>Taquini parece tranquila. Está rodeada de su equipo: a la cabeza, el joven diseñador de la muestra, el chaqueño Daniel Fischer, quien fue su alumno y la gran revelación de Grata y los otros –luego, por supuesto, de las obras expuestas de la artista– y la banda de amigos/colegas de los que siempre se rodea para urdir sus trabajos.</p>
<p><div id="attachment_226" class="wp-caption alignnone" style="width: 536px"><a href="http://www.cristinacivale.net/wp-content/uploads/2011/10/Enigmas-cotidianos.jpg"><img class="size-full wp-image-226 " style="margin: 5px;" title="&quot;Rota&quot;, de Graciela Taquini y Natalia Rizzo" src="http://www.cristinacivale.net/wp-content/uploads/2011/10/Enigmas-cotidianos.jpg" alt="" width="526" height="296" /></a><p class="wp-caption-text">&quot;Rota&quot;, de Graciela Taquini y Natalia Rizzo</p></div></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Taquini está tranquila pero expectante, como una chica que va a celebrar su cumpleaños de quince y que estrena vestido nuevo en una gran fiesta. Lo del vestido es cierto, no quiso menos que un diseño exclusivo de Martín Churba para la inauguración de esa primera muestra retrospectiva de su obra y el gran Churba no sólo se lo hizo sino que se lo regaló. La fotógrafa Vivian Galván la acompañó a todas las pruebas de este vestido increíble que finalmente Taquini lució con garbo y sorprendió una vez más el desparpajo de la artista y su fortaleza, ese ir para adelante sin que nadie esté esperando nada de ella, más que ella misma.</p>
<p>Taquini está feliz. Hace poco cumplió 70 años y desde el año pasado viene diseñando su celebración: realizar una gran muestra en el Centro Cultural Recoleta que diera cuenta de su obra como artista. Aunque lo más rutilante y original de su obra es ella misma, esa construcción de pelo colorado, algo pequeña, algo ancha, que camina despacio, arrastrando los pies pero nunca las palabras, que fluyen con inteligencia, después de haber sido destiladas a partir de una cantidad de inquietantes pensamientos. Habla esgrimiendo razones, inventando, siendo generosa porque su obra también es un acto de amor hacia los otros y un pedido sutil de amor hacia ella misma.</p>
<p>Taquini empezó su trabajo como docente y curadora y recién hace algo más de 20 años (en 1988) realizó su primera obra como artista. Se trató de “Roles”, un breve videoarte que la tenía a ella como protagonista, a ella y a su cuerpo desnudo, fragmentado; a ella y a su voz gritándose improperios y pidiendo ayuda a quienes todas las mujeres alguna vez le pedimos ayuda, de ahí el grito lacerante que atraviesa su obra iniciática: “mamá”.</p>
<p>“Roles” es un antes y un después en su carrera y si bien luego de él comenzó a destacarse como curadora y docente, tardó unos largos años en volver a la creación, detrás de la mujer de “Roles” se vislumbraba una tipa atrevida, capaz de dejar perplejo y admirado al más joven y pionero videoartista de entonces. Cuando hizo “Roles” ya era una mujer madura, un momento inusual de la vida para declararse artista.</p>
<p>La muestra que hoy puede disfrutarse en el Recoleta es la suma de su trabajo como artista y de su trabajo en colaboración con otros artistas, generalmente más jóvenes.</p>
<p>A Taquini le gusta que le digan “tía Grata” pero nadie ve en ella ni una tía, ni una madre ni una abuela. Es una colega, una par. Se ve una fuerza femenina imparable, con una autoestima envidiable que va por la vida inventando obras, guionándolas, pidiendo colaboración para lo que no sabe cómo ejecutar y a diferencia de otros que idean y no saben llevar adelante sus ideas, no habla de trabajos en colaboración, comparte la firma y los créditos. Rodrigo Alonso, a quien Taquini amadrinó y generosamente lo ayudó a abrirse el espacio del que hoy goza (sumando el talento que él mismo tiene) es el curador de la muestra, impensable para Taquini que fuese otro. En tanto curador, Alonso dice refiriéndose a una obra concreta, “Lo sublime-banal” (2005), pero puede aplicarse a la obra entera de la artista: “Taquini es experta en extraer el enigma de lo cotidiano, lo sublime de lo banal. La experiencia de una deriva en el extranjero puede estar en la confección de una torta, con mucho chocolate y crema, que como las de doña Petrona ya no es sólo un alimento –hoy algo lujoso quizás– sino un emblema de la argentinidad. ¿Quién cocina hoy esas tortas? Pues Graciela conoce a alguien que las hace, y que transforma el tiempo de su preparación en un momento compartido, de reafirmación histórica, no sólo en la anécdota rememorada en complicidad, sino principalmente en lo que esa práctica nos dice sobre lo que en alguna medida somos. Uno quiere pensar en un país donde se hacen esas tortas, y ya no siguiendo una receta canónica, sino uno en el que todavía es posible tomarse algunas libertades, ‘con un poquito más de crema o mouse’. Donde una torta no es ni una fórmula ni un producto terminado, ni unos ni ceros, sino un in-between”.</p>
<p>Ese concepto de obra en proceso no es un invento de Taquini pero sí es una de las primeras artistas que comenzó a llevarlo adelante.</p>
<p>Así puede apreciarse a través del paseo por los gigantes cubos centrales ideados por Fischer y donde se instalan los videos más importantes de la artista, aquellos con firma sin colaboradores. Entre ellos se destaca su obra más premiada, “Granada”, también de 2005, un año que Taquini reconocerá como uno de los más productivos de su carrera. Esa obra cumbre de la artista se relaciona con Roles, aunque aquí Taquini no está sola pero su palabra-grito es también aquí fundamental. La obra surge del encuentro con su amiga Andrea Fassani, pero está lejos de ser un té de chicas, la historia reciente atraviesa la obra y el video gira en torno al testimonio concedido por Fassani al Archivo Witness sobre sus días de cautiverio durante la dictadura militar. “Taquini -apunta Alonso- toma sus palabras y las utiliza para hacerla revivir la declaración, insistiendo sobre frases y situaciones que su amiga recurrentemente olvida. Desde fuera del cuadro, la primera dicta, corrige, enfatiza e impone palabras que la segunda repite con dificultad, a pesar de haber salido originalmente de su boca”. Esta manera de Taquini de sonsacarle a la amiga sus palabras olvidadas es un modo de representar la tortura a la que fue expuesta durante los años de plomo y ese procedimiento es el que la hace inquietante y audaz, notablemente reveladora.</p>
<p>Otros videos de la muestra son “Psycho por Borges”, “Lo sublime banal”, “Cadáveres”, “Sísifa”, “Border Line”, “Estampilla”, “El mundo de…”, “Qué hay entre los unos y los ceros”, “Estar con Doffo”, y sus obras codirigidas, “Secretos”, “Lugar común”, “Rota” y “Vaivén”, su creación más reciente junto a Anabel Vanoni.</p>
<p><a href="http://www.revistaenie.clarin.com/arte/Videoarte_de_Graciela_Taquini_0_547745277.html" target="_blank"><strong>Publicado en Revista Ñ</strong></a></p>
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		<title>Entre veleidades parisinas y buen gusto porteño</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Sep 2011 18:17:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hoteles tradicionales, los frecuentan millonarios, ilustres, aristócratas y rockers. Ubicado en plena Recoleta sobre la avenida que le da nombre, el Alvear Palace Hotel es probablemente el hotel en su categoría que se puso más rápidamente a tiro con los tiempos que corren. Sumó a su tradicional servicio en el que se enfatiza lujo y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoteles tradicionales, los frecuentan millonarios, ilustres, aristócratas y rockers.</p>
<p><span id="more-227"></span></p>
<p><div id="attachment_228" class="wp-caption alignnone" style="width: 400px"><img class="size-full wp-image-228 " style="margin: 5px;" title="Hotel Alvear" src="http://www.cristinacivale.net/wp-content/uploads/2011/10/hotel_alvear.jpg" alt="" width="390" height="273" /><p class="wp-caption-text">Hotel Alvear</p></div></p>
<p>Ubicado en plena Recoleta sobre la avenida que le da nombre, el Alvear Palace Hotel es probablemente el hotel en su categoría que se puso más rápidamente a tiro con los tiempos que corren. Sumó a su tradicional servicio en el que se enfatiza lujo y esplendor, la calidez de un hotel boutique -personalización en la atención más allá de sus 197 habitaciones- y servicio de personal shopper, por el que una persona especialista en realizar compras y conocer los mejores negocios de cada rubro, recorre desde anticuarios hasta tiendas de ropa vintage junto al huésped para que éste realice la mejor compra según sus intereses. El Alvear, a pesar de haber sido fundado por primera vez en 1932, inauguró en su historia de tradición estos dos toques bien contemporáneos.</p>
<p>Como Buenos Aires, el Alvear fue fundado dos veces. La primera, en el ya mencionado 1932, cuando la ciudad albergaba -casi como hoy- una multitud de visitantes de todas partes del mundo. Su construcción tomó diez años. Fue pensado totalmente en París, como el barrio de Recoleta que ideó el presidente Juárez Celman para celebrar el Centenario de la ciudad, donde quiso montar una pequeña París. El Alvear nació algo más de 20 años después de esta celebración pero con el mismo concepto. Un trozo de París en Buenos Aires, un hotel parecido al George V parisino, símbolo de lujo, glamour, buen gusto y riqueza. Tanto las habitaciones como el resto de los espacios -jardines, lobbies, pasillos, ascensores, balcones y terrazas- fueron ideados siguiendo los estilos Luis XIV y Luis XVI: muebles de estilo, candelabros de cristal y mucho oro.</p>
<p>En 1984, a algo más de 50 años de su primera fundación, un nuevo grupo empresario se hizo cargo de su administración y, manteniendo el planteo original de sus inspirados creadores, incorporó las últimas tecnologías tanto en comunicación como en la ajetreada y exclusiva cocina. Esta remodelación y su servicio -mayordomos, mucamas varias, abridores de puertas de taxis y coches privados, sommeliers, bar tenders y mozos bien casteados- hicieron que en 1993 el Alvear Palace Hotel fuese designado miembro de The Leading Hotels of the World, organización que agrupa a los mejores hoteles del mundo.</p>
<p>Desde la realeza -el príncipe de Gales, su primer visitante famoso, Sofía de España- hasta rockers -Madonna, Fito Páez-habitaron sus suites distribuidas a lo alto de once pisos. La más pequeña es la &#8220;junior&#8221;, que cuenta con 40 metros cuadrados, dos baños y un living, hasta la arrolladora royal que acapara 176 metros cuadrados que suman un estudio, un dormitorio y un living inmensos y dos baños.</p>
<p>El Palace fue considerado Patrimonio Arquitectónico e Histórico de la Ciudad por la Dirección General de Planeamiento Urbano en 2002 durante la gestión de Aníbal Ibarra.</p>
<p><strong>El Plaza</strong><br />
Frente a la plaza San Martín, tiene su morada otro hotel con atribuciones de esplendor y lujo. Su construcción también está ligada a las ínfulas del gobierno liberal que celebró el Centenario. Su factótum fue el millonario empresario Ernesto Torquinst. El Plaza es más antiguo que el Alvear: se inauguró el 15 de julio de 1909 con fiesta y tour ad hoc que contó con la presencia del vicepresidente de entonces, José Figueroa Alcorta.</p>
<p>El servicio, además de contar con la hospitalidad de cualquier hotel que se digne de tal, llegó al punto de realizar una cama a medida para el presidente francés Charles De Gaulle, que medía dos metros y no entraba en ninguna de las camas de sus suntuosas habitaciones y suites, todas decoradas con las improntas de la belle époque. El amor a Francia no sólo se transmitió en este gesto de atención bastante inusual. El Plaza fue durante años una sucursal del restaurante Maxim&#8217;s de París con los menús escritos en francés, sin versión española.</p>
<p>Los porteños, sin embargo, supieron apropiarse del bar del subsuelo; ningunos tontos, está considerado entre los nueve mejores bares del mundo por la revista Forbes. Un espacio íntimo que siempre se caracterizó por la excelencia del personal y por la exactitud en la preparación de los más exquisitos cócteles. También la piscina, previa asociación, como el &#8220;health club&#8221; están abiertos al público local que puede darse unos chapuzones en medio de un lujo alquilado.</p>
<p>Uno de los más antiguos porteros susurra rápidamente la historia de la suite vip, la Fundador. Entre esas sábanas de cientos de hilos egipcios durmieron, entre otros ilustres, Enrico Caruso, Alberto Toscanini, Sofía Loren, Ginger Rogers, Joan Crawford, María Félix y Catherine Deneuve. También la ocupó Pavarotti, que exigió contar con cocina propia para preparar la comida a su gusto.</p>
<p>Desde 1984, el Plaza es administrado por la cadena Marriot Internacional que no le quitó un ápice a su estilo original. Basta visitar otros hoteles de la cadena, para reconocer que cada uno está realizado a medida de las necesidades de cada ciudad y según el valor simbólico que &#8220;un hotel Plaza&#8221; pueda tener en ella. Así, el de Nueva York, por ejemplo, es un hotel más de una larga lista de buenos hoteles de categoría mediana.</p>
<p><strong>El Castelar</strong></p>
<p><strong></strong>En otro circuito, se ubica el también tradicional Hotel Castelar. Apostado sobre la Avenida de Mayo, dejó de lado la pretensión parisina y se sumó al estilo de su avenida, un intento de emulación de la Gran Vía madrileña.Cualquier visitante ilustre ve empañado su nombre por el del poeta granadino Federico García Lorca que pasó allí una temporada de seis meses durante 1933. Lorca se alojó en la habitación 704. Llegó a la ciudad para supervisar la puesta y el estreno de una de sus obras más conocidas, Bodas de sangre. En 2003, a 70 años de esa visita, la habitación se convirtió en museo y hoy puede ser visitada como tal. Fue realizada por la diseñadora Laura Molina. En el cuarto-museo se presenta un recibidor decorado con imágenes de personajes de ficción creados por García Lorca y también alberga un escritorio con su silla, una lámpara y una llave. Está pintado con sombras que, según Molina, intentan representar los sentimientos de intimidad del artista. Quizá haya sido esta impronta lorquiana la que lo hizo el hotel favorito de los artistas locales para tomar café, tragos o jugar al ajedrez. Por el bar pudo verse pasar a Jorge Luis Borges, Norah Lange, Alfonsina Storni y Oliverio Girondo. El Castelar fue muy conocido en la ciudad por los baños sauna. En los años 20, cuando se inauguraron, eran un espacio de relax pionero exclusivo para hombres y uno de los pocos con un buen nivel de servicio. Actualmente el spa, que divide sus servicios para hombres y mujeres, es de los más reconocidos de Buenos Aires.</p>
<p><strong>Hotel Esplendor</strong></p>
<p><strong></strong>El Hotel Esplendor es el único de este grupo de hoteles tradicionales que se inauguró en el siglo XIX. Así es, su existencia data de 1880 y nació con el nombre de Hotel Phoenix.</p>
<p>Está ubicado en Córdoba y San Martín, junto a las galerías Pacífico. Combina actualmente la fachada neorrenacentista, que mantiene desde su inauguración, con interiores de diseño minimalista provenientes de las últimas vanguardias de diseño de interiores. Es el único que cuenta con una galería de arte donde el vanguardista grupo Mondongo expone en sus paredes retratos de ilustres de la cultura argentina: María Elena Walsh, el Che, Borges, Diego Maradona, Carlos Monzón, Minguito, Berni y hasta Adrián Dárgelos, líder de la banda Babasónicos.</p>
<p>El Esplendor ofrece al huésped como elemento atractivo una combinación exacta entre tradición y modernidad, convirtiendo el confort y un estilo lustroso pero recatado, negro, crudo y beige son los colores elegidos para que la vista descanse, y materiales nobles como el cuero y el mármol se encuentran en diversos detalles del bar, los espacios comunes y las habitaciones.</p>
<p>Un retrato de Evita, también del colectivo Mondongo, en el lobby principal, recibe al huésped para que no le queden dudas de que se encuentra en Buenos Aires, Argentina, la tierra de la muchacha peronista, la abanderada de los trabajadores, el amor de &#8220;el General&#8221;.</p>
<p>El Esplendor, a pesar de haber sido declarado Patrimonio Histórico de la Nación, es uno de los secretos mejor guardados de la hotelería tradicional argentina y por varias razones es más exclusivo que los llamados exclusivos.</p>
<p>Si tuviese que recomendar un hotel tradicional y con estilo a un amigo con plata, apostaría al antiguo Phoenix.</p>
<p>Porque aunque aquí no hablemos de las minucias de los billetes, que quede claro, estos hoteles de ensueño, de reyes y estrellas, de buen gusto, lujo, diseño y confort, son caros, muy caros: carísimos.</p>
<p><a href="http://www.diarioz.com.ar/nota-informe-z-entre-veleidades-parisinas-y-buen-gusto-porteno.html" target="_blank"><strong>Publicado en Diario Z</strong></a></p>
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		<title>Revistas de artistas y curadores intervienen el espacio virtual</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Aug 2011 20:50:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Textos periodísticos]]></category>

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		<description><![CDATA[Proyecto Red y Sauna se complementan e intercambian experiencias en la web. Hace un año surgieron paralelamente en Buenos Aires dos revistas virtuales sobre arte contemporáneo, Sauna (www.revistasauna.com.ar) y Proyecto Red (www.proyectored.net) que, lejos de competir, se complementan, intercambian experiencias y hasta establecen alianzas para, por ejemplo, tener presencia virtual en ferias como arteBA. Este [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Proyecto Red y Sauna se complementan e intercambian experiencias en la web.</p>
<p><span id="more-220"></span></p>
<p>Hace un año surgieron paralelamente en Buenos Aires dos revistas virtuales sobre arte contemporáneo, Sauna (www.revistasauna.com.ar) y Proyecto Red (www.proyectored.net) que, lejos de competir, se complementan, intercambian experiencias y hasta establecen alianzas para, por ejemplo, tener presencia virtual en ferias como arteBA.<br />
Este año acamparon en la sala de prensa de la gran feria latinoamericana de arte, un espacio esponsorizado por Fundación Proa y, cuando había tiempo, usaban las compus destinadas a periodistas para hacer conocer sus revistas.</p>
<p><img src="http://www.cristinacivale.net/wp-content/uploads/2011/08/sauna_cuadrada.jpg" alt="" title="Sauna" width="390" height="273" class="alignnone size-full wp-image-221" /></p>
<p>Ambas acaban de cumplir un año y lo festejaron según sus perfiles hermanos pero diversos. Proyecto Red editó dos números: uno de lujo convocando a críticos y a artistas amigos, a los que invitó a escribir la nota de su vida, aquella que comúnmente no podrían publicar en los medios habituales para los que trabajan y otro que siguió la línea de las ediciones anteriores. Participaron de la edición de luxe desde la crítica de Ámbito Financiero Ana Quijano hasta quien esto escribe.<br />
Proyecto Red fue pensada por el ex broker y galerista Santiago Bengolea -director de la galería virtual RedGalería-, que cuenta: &#8220;ProyectoRed surgió ante la necesidad de tener una publicación para la RedGaleria.<br />
Si bien antes teníamos un blog, ya sentía que me estaba quedando chico. Además en ese momento RedGaleria sufrió el ataque de un hacker que la vació de todos sus contenidos, donde incluso cayó el blog que sumaba noticias, las actividades de la galería y notas. La revista fue consecuencia inevitable de ese proceso&#8221;</p>
<p>A un año de su lanzamiento, Proyecto Red cuenta con más de 5.000 suscriptores y un equipo de trabajo ad honorem y fijo en el que se mezclan artistas como Víctor Grippo y Pompi Gutniski hasta difusores, amantes del arte y curadores independientes como Patricia Rizzo.</p>
<p>Sauna, que celebró con un fiestón queer en el espacio This Is Not a Gallery, aparece en el medio con un gesto gracioso. Hace de la homosexualidad una marca de identidad, a punto tal que los varones integrantes del colectivo de edición ponen sus cuerpos trabajados (en el gym o en el photoshop, más bien lo primero que lo segundo) en las promociones y en la tapa de este número aniversario. La revista, con todo, no implica una mirada de género y tras el aparente gag de las imágenes calientes, se encuentra un colectivo que trabaja horizontalmente (en el sentido de democracia no verticalista) compuesto por una banda de amigos que sabe mucho de arte y se toma este trabajo bien en serio. Ellos son Mariano Soto (museólogo), Juan Batalla (artista visual y fisicoculturista), Guido Ignatti (galerista y artista), M. S. Dansey (periodista), Charlie Goz (diseñador gráfico) y Dany Barreto (artista y gestor cultural). Los chicos se mueven en banda y los días de inauguraciones dividen su fuerza de trabajo para cubrir todo el espectro.</p>
<p>Tanto Proyecto Red como Sauna están muy atentos a la movida porteña, como un lujo publican cada número alguna nota sobre un artista extranjero, pero ambas se pueden definir como revistas bien urbanas, de esta ciudad, ventanas que, desde Buenos Aires, tratan de no dormirse y exhibirse ante el mundo con la mundanidad que proporciona la red para contar de qué viene el arte argentino para la Argentina y para el resto del mundo que quiera tomarse un rato y leerlo.</p>
<p><a href="http://diarioz.com.ar/nota-revistas-de-artistas-y-curadores-intervienen-el-espacio-virtual.html" target="_blank"><strong>Publicado en Diario Z</strong></a></p>
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		<title>Historias de gente insomne</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Aug 2011 20:41:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Notas sobre su obra]]></category>
		<category><![CDATA[Las mil y una noches]]></category>

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		<description><![CDATA[En su nuevo libro, Cristina Civale repasa la noche porteña de los últimos 50 años. Abordar la noche como objeto de estudio no es una tarea fácil. Es un escenario complejo que se transforma a mucha velocidad, donde los prejuicios están a la orden del día y las fuentes consultadas suelen llevar agua para su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En su nuevo libro, Cristina Civale repasa la noche porteña de los últimos 50 años.</p>
<p><span id="more-214"></span></p>
<p>Abordar la noche como objeto de estudio no es una tarea fácil. Es un escenario complejo que se transforma a mucha velocidad, donde los prejuicios están a la orden del día y las fuentes consultadas suelen llevar agua para su propio molino. Por esos y otros motivos, realizar un trabajo serio implica adentrarse en las profundidades de sus espacios: bares, discotecas, centros culturales, fiestas improvisadas y todo lo que dicte la recreación nocturna, una labor tan agotadora como divertida.</p>
<p><a href="http://www.cristinacivale.net/wp-content/uploads/2011/08/discoball_1.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-215" title="discoball" src="http://www.cristinacivale.net/wp-content/uploads/2011/08/discoball_1-300x168.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a></p>
<p>Eso es lo que hizo la periodista y escritora Cristina Civale para su nuevo libro: <strong>Las mil y una noches. Una historia de la noche porteña (1960 -2010)</strong>. Si bien en un rápido vistazo puede interpretarse como una recreación de espíritu orgullosamente localista, un mero ejercicio endogámico, con el correr de las páginas la autora se encarga de dejar en claro que la noche –como punto de encuentro a la vez que teatro de operaciones– ha sido fundamental para la cultura argentina tal y como se la consume hoy.</p>
<p><strong>Las mil y una noches</strong> atiende a las diferentes corrientes surgidas en los últimos 50 años dentro del circuito nocturno: desde los bohemios de La Cueva que delinearon las bases del rock nacional, hasta las fiestas temáticas que hoy se promocionan en las redes sociales, sin olvidarse de los antros <em>underground </em>ni los boliches de moda.</p>
<p>Con una mirada más curiosa que nostálgica, Civale evoca momentos clave de la historia nocturna de Buenos Aires, a través de las voces de los protagonistas (artistas, empresarios, habitués) o de su propia experiencia. Los osados <em>happenings</em> de los miembros del Di Tella en los 1960, el refinamiento y la exclusividad del Mau-Mau, el surgimiento de la cultura disco, la represión y los oscuros negocios en los que metía mano la dictadura, el renacer artístico-experimental luego del retorno de la democracia (con el bar Einstein a la cabeza), las primeras fiestas electrónicas o los circuitos gay son algunos de los temas que van surgiendo en la fase exploratoria.</p>
<p>La narración es veloz, ágil, con un perfil más informativo que estilista, pero la autora no deja de lado las posturas frente a hechos que obligan a sentar posición. Un ejemplo es el caso Cromañón: aunque Omar Chabán tuvo su cuota de responsabilidad, la tragedia no debería borrar su decisiva participación en desarrollo de la cultura alternativa de la década de 1980.</p>
<p>Así funciona con muchos otros protagonistas de la historia insomne de la Capital: en <strong>Las mil y una noches</strong> se los reivindica o se les quita la máscara para revelar sus verdaderos rostros.</p>
<p><a href="http://vos.lavoz.com.ar/libros/historias-gente-insomne" target="_blank"><strong>Publicado en La Voz del Interior</strong></a></p>
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		<title>Criaturas de la noche</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Aug 2011 20:06:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Notas sobre su obra]]></category>
		<category><![CDATA[Las mil y una noches]]></category>

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		<description><![CDATA[Publicado en Revista Brando]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.cristinacivale.net/wp-content/uploads/2011/08/Brando.jpg"><img src="http://www.cristinacivale.net/wp-content/uploads/2011/08/Brando-235x300.jpg" alt="" title="Brando" width="235" height="300" class="alignnone size-medium wp-image-213" /></a></p>
<p>Publicado en Revista Brando</p>
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		<title>Las ficciones de un pintor y una galería</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Aug 2011 02:59:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Textos periodísticos]]></category>

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		<description><![CDATA[El relato y la ficción funcionan como puntos de conexión entre los seres imaginarios de Nico Sara y Elsi del Río, la galería que los exhibe. Esa caja que, simbólicamente o no, contiene el pensamiento destilado por el cerebro, el cráneo, puede asociarse  con un cadáver disecado, con un incidente criminal, con el desecho de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El relato y la ficción funcionan como puntos de conexión entre los seres imaginarios de Nico Sara y Elsi del Río, la galería que los exhibe.</p>
<p><span id="more-204"></span></p>
<p><div id="attachment_205" class="wp-caption alignnone" style="width: 536px"><img class="size-full wp-image-205 " style="margin: 5px;" title="Nico Sara" src="http://www.cristinacivale.net/wp-content/uploads/2011/08/Nico-Sara.jpg" alt="" width="526" height="296" /><p class="wp-caption-text">SIN TITULO. 2011, acrílico sobre tela, 45 x 40 cm.</p></div></p>
<p>Esa caja que, simbólicamente o no, contiene el pensamiento destilado por el cerebro, el cráneo, puede asociarse  con un cadáver disecado, con un incidente criminal, con el desecho de un cuerpo abandonado por años y reencontrado en condiciones misteriosas. Nico Sara lo toma como objeto central de su muestra <strong>Pintura 2.0</strong>, lejos de los lujos cadavéricos del británico Damien Hirst, y los aleja de una mirada mortuoria o médica de autopsia residual.<br />
Las obras expuestas en la galería Elsi del Río, en pleno Palermo Hollywood, van marcando el paso de esa parte del cuerpo plantada sobre el cuello de un modo lúdico, como unas figuritas de un álbum inocente para niños de otras generaciones y, sin embargo, cada obra en su formato cuadrado y mediano es manifiesto de estricta contemporaneidad. No sólo porque esta parte del cuerpo es ejecutada por el pincel del artista a medio camino entre la figuración y la abstracción; en las obras de <strong>Pintura 2.0 </strong>un fondo negro expulsa adelante a figuras humanas <em>cruzadas </em>con objetos de diversa índole.</p>
<p>Este procedimiento de juntar objetos de distinta procedencia y rango –un tronco humano que en lugar de cabeza tiene llamas o un par de alas, los cimientos de una casa en las patas geométricas de un animal, alas en un cuerpo de perro (¿o chancho?)– deviene de un modo original de trabajo de Sara. Sus maquetas no son bocetos trazados en un papel, son investigaciones laboriosas –como de artesano, dice él– nacidas de un trabajo realizado en computadora. En esta indagación, Sara no sólo bucea en las formas en los cruces de sus obras “anfibias”, una parte fundamental de este buceo es dar en la clave de un color determinado. Ese color es el mayor desafío cuando el artista transfiere a la tela lo que armó en la pantalla. Entre ambos soportes, la mano de Sara reproduce la etapa inicial de su trabajo, tratando de alcanzar las formas y los colores que proceden de las nuevas tecnologías en uno de los soportes más antiguos, la pintura, en este caso aplicando acrílico sobre tela. La mezcla de formas robóticas y colores flúo, podría considerarse la marca registrada, hasta ahora, del artista de Rafaela.</p>
<p>El imaginario de Sara se exhibe en un espacio que también tiene mucho de ficción y descuidado misterio, Elsi del Río Arte contemporáneo, del galerista Fernando Entín.</p>
<p>“Elsi” acaba de cumplir once años y sólo un par desde que se instaló en Palermo Soho. La leyenda cuenta que el nombre del espacio proviene de una tía del galerista que cantaba boleros en tugurios under en la década del 50 pero que nunca logró suceso más allá del Río de la Plata y que hoy pasa los que quizá sean sus últimos años en un pequeño departamento frente al río en el barrio de Pocitos. En homenaje a la pariente Entín nombró su galería, de la que es factótum con la asesoría y apoyo de su compañero de toda la vida, José Luis Anzízar. Si a esto sumamos que Entín sólo acepta en su staff a artistas que logran transmitir un relato en la producción de sus obras, uno se termina preguntando si todo el concepto de Elsi del Río no es producto, él mismo, de un relato, una suerte de chiste que hace Entín sin explicar demasiado; quizá otro cuento tan ficcional como los objetos que plasma en sus pinturas Nico Sara. En ese caso, no es importante ya saber si la tal Elsi vive en Pocitos o cantó alguna vez boleros.</p>
<p>Elsi del Río, como galería, es un artefacto que funciona y que desde el nombre marca la línea de la estética de su anfitrión, obras y espacio donde manda el relato. Y con los resultados a la vista, parece que funciona.<br />
<strong>FICHA</strong></p>
<p><strong>Nico Sara</strong><br />
<strong>Pinturas 2.0</strong><br />
<strong>Lugar: </strong>Elsi del Rio Arte Contemporáneo, Humboldt 1510.<br />
<strong>Fecha: </strong>Hasta el 18 de agosto.<br />
<strong>Horario: </strong>martes a viernes, 14 a 20; sábados, 11 a 15.<br />
<strong>Entrada: </strong>gratis.</p>
<p><a href="http://www.revistaenie.clarin.com/arte/Nico-Sara-Elsi-del-Rio-Pinturas-2-0_0_527947371.html" target="_blank"><strong>Publicado en Revista Ñ</strong></a></p>
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		<title>Lo que Quiroga nunca escribió</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jul 2011 02:55:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Textos periodísticos]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Qué cuentos espeluznantes podría escribir hoy Horacio Quiroga ante los secuestros de mujeres obligadas a prostituirse en su paisaje misionero, debido a la explotación sexual que ocurre cerca de las Cataratas? En Los desterrados , uno de los libros de cuentos de Horacio Quiroga cuyos personajes sobreviven como estacas en el imaginario de sus lectores, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué cuentos espeluznantes podría escribir hoy Horacio Quiroga ante los secuestros de mujeres obligadas a prostituirse en su paisaje misionero, debido a la explotación sexual que ocurre cerca de las Cataratas?</p>
<p><span id="more-202"></span></p>
<p><div id="attachment_203" class="wp-caption alignnone" style="width: 536px"><img class="size-full wp-image-203 " style="margin: 5px;" title="Cataratas y esclavitud sexual" src="http://www.cristinacivale.net/wp-content/uploads/2011/08/Quiroga.jpg" alt="" width="526" height="296" /><p class="wp-caption-text">Cataratas y esclavitud sexual. Paisaje emblemático, crímenes sin solución.</p></div></p>
<p>En Los desterrados , uno de los libros de cuentos de Horacio Quiroga cuyos personajes sobreviven como estacas en el imaginario de sus lectores, hay un arranque que podría pensarse como el comienzo del trazado de una premonición: “Misiones, como toda región de frontera, es rica en tipos pintorescos, aquellos que a semejanza de las bolas de billar, han nacido con efecto”. Habla de tipos humanos con un estilo inconfundible, a los que hoy, con cierta banalidad impune, se podrían llamar tipos con “actitud”. Esa lista de tipos que despliega en su ficción, toman Misiones como una tierra nutriente que les permite escapar y tratar de ser otros. Quién sabe cómo describiría hoy Quiroga a los tipos con efecto que actualmente llegan a esta provincia para plantar un destierro, no precisamente el propio, sino el de cualquier mujer pobre e indefensa a la que puedan capturar para fines criminales; concretamente mujeres que son secuestradas, mediante promesas de falsos trabajos como niñeras, promotoras o cuidadores de ancianos en alguna ciudad del país, para ser luego obligadas a ejercer la prostitución y convertirse en la mercadería del tercer negocio que mueve más dinero en el mundo: la trata de mujeres con fines de explotación sexual.</p>
<p>Es la esclavitud del siglo que rueda y constituye el negocio más redituable luego del tráfico de armas y drogas.</p>
<p>Misiones es la provincia argentina que va a la cabeza en la provisión de cuerpos jóvenes e indefensos para ser explotados como almohadones de plumas con bichos que chupan sangre –como en el relato magistral “El almohadón de plumas”–. Los esclavistas se instalan en la tierra roja y allí ocurre el delito. Pueden hacer castings en hoteles para falsos trabajos fuera de Misiones, pueden enviar a marcar mujeres a sus reclutadores, pueden contar con la ayuda de camioneros que embaucan a las chicas con promesas de una vida de bienestar. La pobreza enceguece el sentido común y la necesidad de una vida con esperanza en la provincia tapiada de pobres hace el resto.</p>
<p>Las redes tienen una estructura piramidal que cuenta con apoyo de distintos sectores de la sociedad y de algunas autoridades: cómplices de un delito aparentemente difícil de rastrear.</p>
<p>Ese enjambre codicioso no se detiene ante nada, como los insectos de la selva, pueden clasificarse con claridad, una transparencia que avergüenza pero que ayuda a entender su ruta y su organización.</p>
<p>La Organización Internacional de Migraciones (OIM), en un estudio de campo realizado en 2006 pero cuya vigencia hoy se sostiene, los divide en reclutadores –los que embaucan a las chicas y luego las venden; proxenetas –los que las compran a los reclutadores la cuidan-maltratan-domestican en la whiskería donde las obligan a prostituirse– y regentes de prostíbulos –los que cobran y controlan el pequeño negocio, sólo el eslabón de una cadena donde en lo más alto hay una figura sin rostro–. Esa cara invisible es la que maneja y diseña la red y la que se lleva los mayores réditos. Todos son sus empleados, actúan con eficiencia para ese ser temido y van mordiendo fajos de dinero en el proceso, el pago por la labor y una discreción incondicional.</p>
<p>Todo indica que las redes, para funcionar de ese modo, necesitan de la protección de funcionarios públicos que cobran por ser parte de este crimen y lo encubren o alertan cuando alguna investigación judicial puede llegar a rozar alguna de las whiskerías-cárceles. Así, antes de que se produzca un allanamiento ordenado por pruebas que lo avalan, el lugar ya no aloja a las chicas secuestradas que son trasladadas a otra ciudad, donde en cada pase –así se llama en la jerga delictiva a cada traslado– se les va perdiendo el rastro.</p>
<p>La red se completa con empleados de empresas de transporte –siempre según el estudio de la OIM– que proveen pasajes para el traslado; empleados de compañías de telefonía celular que entregan líneas seguras, más encargados de confeccionar documentación falsa para esta mercancía humana que alimenta este crimen. Mujeres siempre mujeres.</p>
<p>Las misioneras, dada la inmigración diversa que pobló la provincia, son rubias y de ojos claros ya que descienden de ucranianos, alemanes, suizos, polacos, rusos e italianos. Si bien toda la provincia está afectada para proveer cuerpos de mujeres jóvenes para que trabajen contra su voluntad en otras ciudades del país, Puerto Iguazú, ubicada en la Triple Frontera, ese territorio mítico y limítrofe que linda con Paraguay a través de Ciudad del Este y con Brasil vía Foz de Iguazú, es una zona de reclutamiento que arde y que se lava con los caudales de agua de las Cataratas del Iguazú, ese paraíso único que venden las agencias de turismo que también suman al paquete visitas de compras a Ciudad del Este y otros viajes de aventuras en la selva y en los ríos Iguazú y Paraná, el río tantas veces narrado y navegado por Quiroga que sólo visitó las Cataratas una única vez con Leopoldo Lugones e hizo de fotógrafo.</p>
<p>Su afán fue registrar la naturaleza, la misma naturaleza frondosa que hoy permite una ciudad con doble vida. ¿Quiroga hubiese apuntado su cámara a las desterradas, habría intuido el engaño, habría oído la queja silenciosa de estas mujeres abusadas? ¿Qué “cuentos de la selva” narraría? Su relato espeluznante “La gallina degollada” probablemente marcaría el tono.</p>
<p>Hoy las Cataratas tienen una estructura tipo Disneylandia, con un hotel cinco estrellas en su interior, locutorio, negocios con souvenirs y diversos restaurantes. Un trencito lleva a los visitantes a los saltos más imponentes. La última parada es la Garganta del Diablo, donde los turistas alquilan escaleras para poder tomar fotos desde ángulo de vértigo. Luego hacen trecking por los caminos laberínticos, mientras otra vida se ata en las proximidades, a minutos, a pocos kilómetros. Una conjunción perversa de turistas con bermudas, familias con niños, parejas de luna de miel transitan la misma ciudad donde el diablo no es el nombre de una cascada y donde la miel es cambiada por la hiel de la ignominia.</p>
<p>En 2008 se puso en vigencia la ley de trata para luchar contra este tipo de esclavitud. Su mayor aporte permite que los delitos ocurridos en distintas provincias tengan carácter nacional, lo que ayuda a intentar trazar la ruta de la red. Hasta hoy, sólo se produjeron detenciones de dueños de prostíbulos pero no se descosió ninguna red.</p>
<p>La ley tiene un agujero negro por el que muchas ONG que luchan contra este sistema de esclavitud intentaron vetarla. En su texto se distinguen a las víctimas según sean menores o mayores de 18 años. Las mayores para ser consideradas víctimas deben demostrar que no consintieron la explotación. ¿En un entorno de coerción, torturas y amenazas qué quiere decir consentimiento: abrirse de piernas y dejar que el cliente haga aquello para lo que pagó para que el proxeneta luego no le pegue o la amenace con matar a un miembro de su familia? Sonia Sánchez, una chaqueña que decidió hace años no permitir más la explotación de su cuerpo, coautora del libro Ninguna mujer nace para puta , afirma que esta división entre mujeres que aceptan la explotación como trabajo y las que lo realizan bajo apremios, secuestradas o no, no hace más que restar fuerza en la lucha para terminar con este tipo de explotación. Sólo divide a las víctimas que siempre son víctimas aunque se llamen putas, mujeres en estado de prostitución o secuestradas.</p>
<p>Sánchez habla de un “Estado fiolo” que permite el ultraje. Ese es el rostro encapuchado de virtuosismo legal de quien avala la red. Según Sánchez, el crimen es tan brutal como evidente y algo mucho peor: está naturalizado. Es el “Estado proxeneta” que tiene una dirección que ni siquiera hay que buscar en Google, el que permite que la selva amada por Quiroga se convierta en un <em>Más allá</em> bien distinto a ese compendio de cuentos eclécticos, un lugar paradójicamente tan próximo que encandila los ojos de los que deberían y podrían desenredar la monstruosidad de esas redes que propician la esclavitud.</p>
<p><a href="http://www.revistaenie.clarin.com/edicion-impresa/Quiroga-escribio_0_518348175.html" target="_blank"><strong>Publicado en Revista Ñ</strong></a></p>
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		<title>Res y el eterno devenir de la historia</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Jul 2011 16:59:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Textos periodísticos]]></category>

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		<description><![CDATA[“Número especial”, me alerta el editor de esta revista, Santi Bengolea, invitándome con mucha anticipación a escribir en este número de lujo. Una alegría, pero se olvida un detalle, el lujo estará destilado por el blanco y negro. Cero color. Las ideas que me venían como gotas, para aportar, se fueron achicando, pero siempre estuve [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Número especial”, me alerta el editor de esta revista, Santi Bengolea, invitándome con mucha anticipación a escribir en este número de lujo.</p>
<p>Una alegría, pero se olvida un detalle, el lujo estará destilado por el blanco y negro. Cero color. Las ideas que me venían como gotas, para aportar, se fueron achicando, pero siempre estuve segura de que quería escribir sobre fotografía y luego de ver la obra de RES (Córboba, 1957), Martín Galli, ganadora del Salón Nacional de Fotografía de este año, no tuve dudas. Podía hablar de esta obra y de su saga anterior, la saga que comienza en Argentina cuando regresa de su forzado exilio mexicano. Siempre me llamó la atención y admiré la primera serie con la que volvió a pisar fuerte en Argentina. Me refiero al ensayo fotográfico ¿Dónde están? (1984-89), fotografías-instalaciones que construyen imágenes poderosas y donde la mayor preocupación de RES, además de expresar una postura ante el exterminio ocurrido durante la última dictadura , realiza una concienzuda investigación sobre el tiempo y cómo este construye el espacio, dos legítimas preocupaciones artísticas.</p>
<p>Cuando uno habla con RES, nota que el tipo honestamente no puede dejar de hacerse preguntas sobre cómo expresarse, sobre cómo abordar ciertas temáticas, sobre cómo estar en sintonía con su tiempo. RES está en estado permanente de duda y por lo tanto en proceso perenne de pura invención.</p>
<p>Hablar con él –al contrario de lo que él supone luego de una conversación donde desnuda su alma que duda y se cuestiona- no es sentir un taladro incómodo, sino el aguijón inquieto y necesario que debería acompañar siempre a todo artista que no puede dejar como tal de tener curiosidad, curiosidad por el estar aquí y ahora. Así es mientras tanto hablamos creo que uno ojo quizá está atento a la conversación y el otro se desvía y se concentra en preocupaciones menos banales.</p>
<p>Juntos elegimos una obra de la serie ¿Dónde están?, Autopista de papel, de la cual me contó el proceso de creación y las preocupaciones estéticas que lo atravesaban en el momento de su realización.</p>
<p><a href="http://www.cristinacivale.net/wp-content/uploads/2011/08/1.jpg"><img src="http://www.cristinacivale.net/wp-content/uploads/2011/08/1-300x278.jpg" alt="" title="1" width="300" height="278" class="alignnone size-medium wp-image-211" /></a></p>
<p>RES me cuenta: “ Me gusta trabajar sobre colores que no sean estridentes. Por ejemplo, Yo cacto –un autorretrato- parece blanco y negro pero tiene una ligera intervención en color. Cuando encaré el ensayo Dónde están fue el momento en que la fotografía se estaba redefiniendo sobre lo qué era, sobre su especificidad a diferencia del video y la televisión. Yo me preguntaba qué era lo estrictamente fotográfico, que lo diferenciaba de los nuevos soportes. Así, fui eliminando aquello que no fuera esencial y concluí que una cosa que podría ser no esencial eran los colores”.</p>
<p>Así es, más luz o menos luz, pero sin colores y RES agrega, casi de inmediato, otra especificidad según su punto de vista: la relación con el tiempo.</p>
<p>De este modo, toda la serie tuvo exposiciones deliberadamente largas que abarcaron de media a una hora, en las que -cruzando la cámara- sucedía de todo, incluso RES atravesaba la lente, caprichosamente, y se pueden ver sus piernas como dos palitos incrustados sobre el piso. “El tema del tiempo, el tiempo y la acción que esta ocurriendo ahí; si ponemos un millón de fotogramas en vez de 24 en el medio sigue habiendo nada. Esto sucede a causa de una limitación de la percepción –arriesga Res- El devenir tiene algo de inasible. Estas fotos muestran claramente que el mundo es una construcción. El tiempo está construido, no hay velocidad”</p>
<p>Para RES, esta serie implicó una búsqueda de lo esencial en la fotografía, una obsesión que aún en sus obras con color no lo abandona.</p>
<p>Sobre su obra premiada, Martín Galli, un díptico que consiste en un retrato e este sobreviviente de las matanzas ocurridas en la Plaza de Mayo el 19 y 20 de diciembre de 2001, durante el gobierno de De la Rúa, sumado a un píxel del labio de Martín con el que RES me cuenta que intentó mantener una monocromía de otro tipo, “podría haber tomado esa misma foto con otro tipo de película pero preferí esta monocromía sutil”.</p>
<p>Si se observa con atención el díptico se puede apreciar que la mano derecha está sacada de una Venus de Botticelli. “La intención era señalar al propio cuerpo, el corazón”, devela RES y “la mirada, aunque evidentemente no es igual ni siquiera parecida, está inspirada en los retratos de Rembrandt”, remata.</p>
<p>Esta obra premiada fue tomada con una cámara analógica de placa de 10 por 13, es de esas cámaras en la que el fotógrafo se mete dentro de una tela negra, ligada a un fuelle. Por este motivo de captura casi exclusiva es que RES sólo hizo dos tomas de la obra que hoy se exhibe en el Palais de Glace con todos los honores que merece este artista que tiene una reflexión sobre la fotografía, el mundo que lo rodea y el entrecruzamiento entre uno y otro: un hombre contemporáneo que congela la realidad con su particular comprensión de espacio-tiempo en una paleta monocroma, aunque haya color, los colores lavados por el agua fría de la historia que nos toca atravesar y sobre los que RES reflexiona una y otra vez sin cansancio y con pasión. Seguramente, continuará.</p>
<p><a href="http://www.proyectored.net/fpa1.html" target="_blank"><strong>Publicado en Proyecto Red</strong></a></p>
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